La Obediencia, Clave Para el Crecimiento Espiritual

Muchos cristianos pueden pasar años en una iglesia y no crecer espiritualmente; el crecimiento espiritual no es como el crecimiento natural, no es automático. Para poder crecer espiritualmente se necesita obedecer los mandamientos que Dios nos ha dado particularmente. En la medida que obedecemos la luz que Dios nos da, en esa medida crecemos.

  • Somos purificados por obediencia a la verdad por medio del Espíritu (1P. 1:22).
  • El alma es salvada al recibir la Palabra de Dios con mansedumbre (Stg. 1:21).
  • La justicia de Dios se revela por fe y para fe (Ro. 1:17).

Cada nivel de fe tiene un nivel de mandamientos que guardar, cuando obedecemos los mandamientos correspondientes a ese nivel de fe es cuando crecemos espiritualmente.

El hombre es un ser tripartito, es espíritu, alma y cuerpo (1Ts. 5:23). El espíritu es la naturaleza que tenemos, puede ser de ira si no tenemos a Cristo, o puede ser la naturaleza divina de Dios si hemos nacido de nuevo. El alma es nuestra inteligencia, sensibilidad y voluntad; el cuerpo es el depósito donde residen el espíritu y el alma. La muerte es la separación del espíritu y el alma del cuerpo. Cuando el cuerpo muere, el espíritu y el alma van al cielo si son salvos o van al infierno si no son salvos.

Antes de llegar a Cristo nuestro espíritu estaba muerto en delitos y pecados, teníamos por naturaleza una naturaleza de ira (Ef. 2:1, 3). Al recibir a Cristo como nuestro Señor y Salvador, el Señor por Su gracia nos concede el arrepentimiento para poder nacer de nuevo (Hch. 11:18) y por la fe que Él nos dio pudimos ser salvos y nacimos de nuevo (Ef. 2:8).

El nuevo nacimiento se lleva a cabo cuando el Espíritu Santo entra en nuestro espíritu que estaba muerto, de esta manera somos engendrados y Cristo nace en nosotros (2 Co. 5:17). El hombre sin Cristo nace en pecado, fue formado en maldad (Sal. 51:5), esto significa que nació con una naturaleza de ira, un espíritu muerto para Dios pero vivo para el diablo.

La Triple Redención:

La redención debe ser triple, es necesario salvar el espíritu, el alma y el cuerpo. El espíritu se salva con el nuevo nacimiento, el alma se salva en la medida que se renueva la mente. Cuando el alma es purificada por la obediencia a la verdad, el alma es salvada, por ello dice Santiago que la Palabra de Dios que se recibe con mansedumbre puede salvar el alma (Stg. 1:21), porque la Palabra de Dios que se obedece salva el alma, y esto hace que la persona crezca espiritualmente.

Cuando la persona piensa como Dios piensa y siente como Dios siente, es cuando su alma es purificada o salvada y es de esta manera que el nuevo creyente crece espiritualmente a imagen y semejanza del Señor. El proceso de renovación de mente, es substituir los pensamientos del hombre por los pensamientos de Dios (Ro. 12:2); substituir las actitudes del hombre por las actitudes de Dios, cuando el hombre cambia su manera de pensar es que cambia su manera de vivir.

El cuerpo será glorificado en dos momentos diferentes, aquellos que alcanzaron madurez, aquellos que por gracia fueron bienaventurados y santos resucitarán en la primera resurrección cuando Cristo venga, ellos resucitarán para reinar con Cristo por 1000 años (Ap. 20:4-6). A los que resucitan cuando Cristo viene a la Tierra por segunda vez Pablo les llama en la carta a los Tesalonicenses, muertos en Cristo (1 Ts. 4:16).

Los padres espirituales resucitan en la primera resurrección, pero aquellos que al morir no alcanzaron la madurez serán resucitados después del milenio, en la segunda resurrección. A la primera resurrección se le llama la mejor resurrección (He. 11:35), porque los que resuciten en esta resurrección reinarán con Cristo por 1000 años. A esta resurrección se le llama la resurrección “de entre los muertos” (Fil. 3:11), aquí solo resucitan los cristianos vencedores. Pero a la segunda resurrección es la resurrección, tanto de vida eterna, como para condenación (Dn. 12:2). Es en esta resurrección donde todos los muertos son resucitados y son juzgados en el trono blanco según sus obras (Ap. 20:11-15).

El anhelo de Dios es que sus hijos crezcan y alcancen madurez. Nuestro desafío como mentores del Señor es colaborar con el Espíritu Santo para llevar muchos hijos a la gloria (He. 2:10). Que los creyentes en Cristo dejen de ser niños espirituales (1Co. 3:1-3) y lleguen a ser la esposa madura, la iglesia gloriosa que se le ha concedido que se vista de lino fino resplandeciente (Ap. 19:7-8).

Es por ello tan importante que el nuevo convertido aprenda, por la gracia del Señor, a obedecer la voz del Espíritu Santo para poder ir creciendo espiritualmente.

Pero antes de poder obedecer es necesario que el nuevo convertido aprenda a escuchar la voz del Señor por medio de la Palabra de Dios. Para que el nuevo creyente pueda crecer necesita de la leche no adulterada de la Palabra de Dios (1P. 2:2).

Hay varias actividades espirituales que el recién convertido o el creyente que desea crecer en el Señor pueden realizar:

  • Orar: Para hablar con Dios.
  • Leer la Biblia: Para escuchar a Dios y conocerle.
  • Un Tiempo Devocional: Para pasar un tiempo con el Señor.
  • Congregarse: Para poder ser pastoreado y guiado con el rebaño.
  • Leer Libros Cristianos Recomendados: Para aprender de la gracia de Dios dada a otros.
  • Escuchar Enseñanzas y Predicaciones, Audio Clases: Para ser preparado e instruido.
  • Escuchar la Biblia en Audio: Para escuchar a Dios y conocerle

Para que el creyente pueda escuchar el “rhema” de Dios (que es la palabra personal de Dios hacia una persona) debe ser expuesto a:

  • Acciones de gracias: Para darle gracias por todas las bendiciones que recibimos.
  • Alabanza: Para exaltarle y glorificarle por Sus obras, para bendecirle por lo que hace.
  • Adoración: Para adorarle por lo que Él es.
  • Oración: Para hablar y relacionarnos con Él.
  • Palabra de Dios: Para conocerle y obedecerle.

Estas cinco actividades que yo llamo: “Las Calles de Sion”, son las actividades que un creyente necesita aprender a realizar para encontrarse con Dios y debe practicarlas por el resto de sus vidas. Aquel que práctica estas actividades recibirá el “rhema” de Dios; Él le hablará personalmente primeramente por medio de la Palabra escrita que es la Biblia y luego al madurar con el tiempo podrá ser dirigido por el Espíritu Santo hablando a su espíritu.

Existen muchas manera de ser guiado por Dios, pero en los primeros pasos de la vida cristiana el nuevo convertido debe ser guiado por la palabra profética más segura, que es la Palabra de Dios. Debe aprender a ordenar sus pasos y a ser dirigido por la Palabra escrita de Dios (Sal. 119:105).

Tu siervo en Cristo Jesús,
Rev. Raúl E. Aguilar F.

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