Tema 3: Alimentarse y Prepararse.

Hemos nacido para ser reyes y sacerdotes (Ap. 5:10), por tanto debemos tener clara nuestra visión que nos vamos a preparar para reinar en vida por medio de la abundancia de Su gracia (Ro. 5:17), y también para reinar con Cristo en el milenio (Ap. 20:5-6).

Queremos alimentarnos y crecer sanos y fuertes porque Su iglesia gloriosa también es el ejército del Dios viviente que va a deshacer las obras del diablo y a establecer el reino de Dios en la Tierra. La preparación nos ayudará a conocer los requerimientos para poder llegar a cumplir el propósito de Dios para nuestra vida y todo lo que se relaciona con la conquista del Monte de Sion que es nuestro destino final por cuanto queremos habitar eternamente con nuestro Dios.

Debemos aprender a alimentarnos individualmente y dejar que los 5 dones del ministerio que Dios ha escogido para nosotros nos preparen para hacer las obras del ministerio y nos ayuden a alcanzar la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo (Ef. 4:12-13).

¿Cómo podemos alimentarnos?  El alimento debe ser diario, diariamente debemos buscar la Palabra que sale de la boca de Dios (Mt. 4:4). Por diariamente debemos tener actividades de oración y de la Palabra de Dios. La oración como la Palabra de Dios escrita, son los dos medios más utilizados por Dios para hablarnos. La oración por cuanto es el medio de comunicación que tenemos con Él, y la Palabra de Dios porque es la carta de amor para Su pueblo, el mapa que nos dirige y nos muestra el camino para conquistar nuestra herencia en Cristo Jesús.

Por ello necesitamos a aprender a orar y aprender las diferentes actividades de la Palabra de Dios para poder escuchar a nuestro Dios y ser alimentados de la Palabra que se sale de Su boca.

Oración

Orar es hablar con Dios. Nuestro Dios o la Deidad está compuesta de tres personas, los tres forman el único Dios verdadero (Jn. 17:3);  esta bendita trinidad es el Padre, quien es el Diseñador de todas las cosas; el Hijo, quien es el Creador y Hacedor de todo y el Espíritu Santo, es el poder y la unción por medio de quien se realizan todas las cosas.

El nuevo creyente puede hablarle al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. El Padre se caracteriza por Su amor; el Hijo por Su gracia y el Espíritu Santo, por la comunión y ayuda que necesitamos para todo. Según nuestras necesidades y de acuerdo a lo que necesitemos podemos acudir a cada uno según Sus funciones.

Bíblicamente la Palabra nos habla de pedir al Padre en el nombre de Jesucristo (Jn. 15:16), sin embargo como los tres son Dios, no hay ningún problema para pedirle individualmente a cada uno.

Debemos aprender a tener comunión con los tres, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, por tanto muchas veces tendremos tiempos de oración o plática con cada uno de ellos. Cuando necesitemos a nuestro Padre podemos hablar con el Padre; cuando necesitamos a nuestro hermano mayor podemos hablar con nuestro Señor Jesucristo y cuando necesitamos ayuda o compañía para cualquier cosa durante nuestra vida podemos acudir al Espíritu Santo quien también debe llegar a ser nuestro Señor.

Hay tres tipos de oración que todo creyente debe aprender a practicar diariamente:

  1. Comunión: para hablar con Dios en todo momento.
  2. Acciones de gracias: para dar gracias para cada bendición y beneficio recibidos.
  3. Alabanza: para exaltar a Dios por lo que ha hecho.
  4. Adoración: para adorarle por lo que Él es.
  5. Petición: para pedir por las necesidades personales.
  6. Intercesión: para pedir por otros.
  7. Lenguas o en el Espíritu: para orar cuando nos sabemos cómo hacerlo.

Oración de comunión

La oración de comunión es simplemente hablar con Dios como a nuestro compañero. Es una plática continua con Dios en nuestros pensamientos o en nuestro corazón.  Aquí le comentamos lo que pensamos, le pedimos Su opinión, le expresamos lo que estamos pensando, lo que vamos a hacer, le exponemos todo lo que hay en nuestro corazón. Es como andar siempre con un amigo e ir platicando con Él mientras nos acompaña en nuestras labores cotidianas.

No es una oración formal donde doblamos las rodillas y cerramos los ojos para orar. Este tipo de oración es una plática permanente con alguien que está con nosotros siempre. Puedes dirigirte a Dios como Señor, o como Dios porque al fin y al cabo los tres Padre, Hijo y Espíritu Santo son Dios y los tres son Señor. Como los tres son uno al hablar en tu corazón y decir Señor y expresar tus sentimientos nuestro precioso Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo) escucharán.

Al principio parecerá como que estamos hablando solos y que nadie nos escucha. Sin embargo, al correr del tiempo nuestro Dios se encargará de hablarte y te darás cuenta que muy pronto, más de lo que te imaginas este tipo de oración dejará de ser un monólogo donde parece que solo tú hablas, y se transformará en una conversación, en un diálogo en donde los dos conversan como buenos amigos.

Acciones de gracias

Las acciones de gracias son fundamentales en el crecimiento espiritual. En el tabernáculo de Moisés es donde se revela espiritualmente los caminos hacia la gloria de Dios o la presencia de Dios (Sal. 68:24),  se entra por sus puertas con acciones de gracias y por sus atrios con alabanza (Sal. 100:4).

El enemigo sabe que los que murmuran y se quejan de Dios mueren en el desierto por ser desagradecidos y rebeldes (Nm. 14:29). La gratitud nos mantiene en el camino hacia la gloria de Dios. Como sacerdotes de Dios debemos clamar por Su gracia para estar siempre gozosos (1Ts. 5:16) y bendecir al Señor en todo tiempo, de tal manera que Su alabanza esté continuamente en nuestra boca (Sal. 34:1).

Aquellos que aprender a dar gracias a Dios como el leproso samaritano que fue sanado se encuentran con el Señor de gloria y su gratitud les lleva a una relación mayor. El leproso que dio gracias primero fue sano, pero al acercarse a Jesús para agradecerle el Señor le salvó de sus pecados, mientras que los otros 9 solo recibieron sanidad y no salvación (Lc. 17:12-19).

Como hijos de Dios debemos aprender a abundar en acciones de gracias (1Ti. 2:1), debemos aprender a dar gracias a Dios en todo porque esta es la voluntad de Dios para con nosotros en Cristo Jesús (1Ts. 5:18). Debemos de dar gracias a Dios por todo (Ef. 5:20) porque a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien conforme al propósito con que hemos sido llamados (Ro. 8:28).

Debemos ejercitarnos en dar gracias al levantarnos, por la vida que nos concede un día más, al acostarnos por todo lo que nos permitió, cada vez que comemos porque Él es quien nos cuida y alimenta, y para cada una de las bendiciones que recibimos y nos percatamos.

El dar gracias a aquel que nos sirve, bendice o ayuda, es una muestra de gratitud y amabilidad que debemos cultivar. Las acciones gracias son el camino para tener un corazón agradecido que nos librará de una vida inmoral y perversa. Aquellos que no quisieron dar gracias a Dios y que no quisieron darle gloria se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido, profesando ser sabios se hicieron necios y a causa de esto, Dios los entregó a la inmundicia a la concupiscencia de sus corazones y fueron entregados a pasiones vergonzosas con una mente reprobada para hacer lo que no conviene, y al final de sus vidas serán juzgados por Dios porque por todas las cosas que hicieron son dignos de muerte (Ro. 1:21-32).

Esta oración no tiene que ser una gran oración de muchas palabras, en muchos casos bastará con decirle a nuestro Dios en nuestro corazón “gracias”, sin embargo en la medida que practiquemos la gratitud a nuestro Dios crecerá y notaremos que también nuestras palabras de gratitud que se expresan por medio de acciones de gracias también incrementarán.

Oración de alabanza

En esta oración bendecimos y exaltamos a Dios por lo que ha hecho, podemos hacerlo verbalmente o en nuestro corazón por medio de nuestros pensamientos. Esto la hacemos tanto cuando leemos la Palabra de Dios o la escuchamos, como también en nuestro diario vivir. En el momento en que nos damos cuenta que Dios hizo algo nos tomamos unos segundos en nuestro corazón para exaltar Sus obras y Sus hechos.

Cuando alguien comienza a ser agradecido con Dios y aprender a darle gloria y alabanza por las cosas que Dios realiza, Dios le abrirá los ojos para poder ver las cosas que Él hace y será provocado a alabarle. El Espíritu Santo quien ha venido para glorificar a Jesús (Jn. 16:13-14) le ayudará y podrá dar gloria a Dios por cosas que otros no lo pueden  hacer.

Cuantas personas no agradecen por el aire que respiran, por la vida, por sus padres, porque están sanos, por su casa, por poder caminar. Muchos no tienen la gratitud en sus corazones de reconocer que todo lo que tenemos y somos es gracias a nuestro Dios. Es nuestro Señor Jesús quien sustenta todas las cosas con su poder (He. 1:3), lo que tenemos y somos es por Su gracia (1Co. 15:10). Sin embargo muchos no comprenden esto y no le dan gloria a Dios, piensan que las habilidades y lo que tienen es gracias a su propio esfuerzo y capacidad no reconociendo que provienen de Dios.

El diablo cayó en el engaño de su soberbia, se enalteció a causa de su hermosura (Ez. 28:17), no reconoció que todo lo que tenía y era, se debía a nuestro Dios. Él se creyó capaz en sí mismo y pensó que con su belleza y sabiduría sería semejante al Altísimo y quería ocupar el trono en el monte de Sion a los lados del norte (Is. 14:13-14). Satanás no le dio gloria a Dios por lo que Dios le había dado, por lo que tenía. Por ello la gratitud y alabanza a Dios nos pueden preservar de caer en el engaño de la soberbia como le aconteció al querubín ungido que se volvió diablo y Satanás.

Esta oraciones de alabanza pueden ser pequeñas expresiones de alabanza, gratitud y admiración por lo que Dios ha hecho. David dijo: “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien” Salmo 139:14.

El Espíritu Santo nos guiará y nos enseñará a alabarle, a veces en tu corazón dirás “que lindo Señor”, “qué hermoso”, “qué perfecto”, la alabanza se aprende reconociendo lo que Dios hace, admirando Sus obras, felicitándole y glorificándole por lo que hizo.

Oración de adoración

Esta oración es la oración en donde podemos ver Su carácter en lo que Dios hace, o tenemos una revelación de Su personalidad que nos impulsa a adorarle. Exclamamos “qué bondadoso eres”, “bueno eres”, “Tú eres Santo o Justo”, “Dios de misericordia y gracia”. La adoración proviene de la revelación que hemos tenido de Su carácter ya sea en Su Palabra al leerla o escucharla, como en nuestro diario vivir. Por ello cuando recibamos una revelación o manifestación del carácter de Dios ya sea en lo que hacemos, vemos o en nuestro tiempo de comunión con Dios, debemos tomarnos unos segundos en nuestros corazones para expresar nuestra adoración a Dios en pequeñas frases o en ríos de adoración según el Espíritu nos lo conceda.

Oración de petición

La oración de petición es el tipo oración que nuestro Dios ha dejado para pedirle por nuestras necesidades o dificultades.  La Palabra de Dios nos dice que debemos echar toda nuestra ansiedad sobre Él porque Él tiene cuidado de nosotros (1 P. 5:7). No debemos estar ansiosos por nada, lo que debemos hacer es orar y pedir a nuestro Dios la ayuda y solución a nuestras dificultades (Fil. 4:6).

Es importante entender que nuestro Dios escuchará todas nuestras oraciones que estén conforme a Su voluntad (1 Jn. 5:14). Su voluntad podemos conocerla por medio de la Palabra de Dios escrita (La Biblia), por tanto para recibir respuesta a nuestras oraciones es necesario que nuestras peticiones estén en armonía con la Palabra de Dios.

La oración es el medio de Dios para traer Su voluntad a la Tierra. Aunque Él sabe las cosas que necesitamos (Mt. 6:8) Él ha determinado que debemos pedir para recibir, buscar para hallar y llamar para que se nos abra (Mt. 7:7).  La oración no es el medio para satisfacer nuestros deseos personales en contra de la voluntad de Dios, tampoco la manera de obtener todo lo que quiero en el momento que quiero. La oración es el instrumento de Dios para establecer Su voluntad aquí en la Tierra, por ello debemos orar sin cesar y sin desmayar hasta que recibamos lo que le hemos pedido (Lc. 18:1; 1Ts. 5:17).

Estamos envueltos en una lucha espiritual por ello no debemos dejar de orar hasta que hallamos recibido respuesta. Con la ayuda de Su gracia debemos aprender a orar sin cesar, sin desmayar, constantemente, en todo tiempo, con todo tipo de oración y súplica en el espíritu y en el entendimiento, velando  y orando en todo tiempo por todos los santos, haciendo oraciones, rogativas, peticiones, acciones de gracias por todos los hombres y por los que están en el gobierno para que vivamos quieta y reposadamente.

Bueno sería tener un tiempo de oración al levantarnos, antes de acostarnos y tiempos programados de oración durante el día según la dirección del Espíritu Santo. La oración es un arma que debilita las fuerzas del mal para que otros puedan recibir las bendiciones que Dios tiene para ellos.

Oración de intercesión

Esta es la oración en donde pedimos por los demás. Cuando pedimos por nosotros le llamamos oración de petición, pero cuando pedimos por otros le llamamos intercesión. Queremos aprender a orar y pedir correctamente, por ello cuando oremos por nosotros y por los demás bueno es orar la Palabra de Dios, porque si oramos lo que Dios nos dice en Su Palabra, cuando oramos de acuerdo a la Palabra de Dios estaremos orando por Su voluntad.

En un tiempo el Señor me guió a buscar en las cartas de Pablo todos los mandamientos que Dios hablaba y pedía para su iglesia, luego de encontrarlos, el Señor puso en mi corazón orarlos. Comencé a orar lo que la Palabra de Dios decía para mi vida y para la vida de otros.  Por ejemplo:

  • Padre en el nombre de Jesús te pido que Cristo Jesús sea formado en mí (Gá. 4:19).
  • Padre en el nombre de Jesús te pido que Tus santos podamos estar siempre gozosos (1Ts. 5:16)

Cuando encontremos en la Biblia las oraciones apostólicas o todo mandamiento que el Señor quiere que guardemos, podemos orarlos para nosotros y para los demás y sabremos que Dios escuchará porque estamos orando según Su voluntad.

Oración en lenguas

La oración en lenguas es llamada también la oración en el espíritu que es la manifestación inicial de ser bautizado en el Espíritu Santo. El hablar en lenguas como señal inicial del bautismo en el Espíritu Santo es diferente al don de hablar en lenguas que se habla en 1ª Corintios 12. Al don de hablar en lenguas se le llama diversos géneros de lenguas y éste es dado para la edificación de la iglesia (1Co. 12:7,10).

El hablar en lenguas, es un señal que sigue a los que creen (Mr. 16:17) es para todos y es para la edificación del espíritu del que habla porque los demás no le entienden (1Co. 14:2, 4). La oración en lenguas es muy útil para dar gracias cuando nuestra gratitud no puede ser expresada en nuestras propias palabras (1Co. 14:14,16). Cuando no sabemos cómo pedir el Espíritu pide por nosotros e intercede según la voluntad de Dios (Ro. 8:26-28).

La palabra de Dios nos  habla de orar en el entendimiento y orar en el espíritu (1Co. 14:15). La oración en el entendimiento es cuando oramos en nuestro propio idioma, expresamos nuestra oración con nuestros propios pensamientos. La oración en lenguas es la oración en donde el espíritu es quien habla a Dios por medio de nuestro espíritu, y estas no las entiende el hombre por ser lenguas angelicales; aunque por el Espíritu también podríamos hablar otros idiomas como sucedió en Pentecostés.

La Palabra de Dios

Es muy importante escudriñar las Sagradas Escrituras porque estas son las que dan testimonio del Señor Jesús (Jn. 5:39). Le fe viene por escuchar varias veces la Palabra de Dios (Ro. 10:17), el rhema de Dios, que es la Palabra que Dios nos habla personalmente. Es por ello la necesidad de tener una relación personal con nuestro Dios para que Dios nos hable personalmente y nos haga crecer en la fe.

Debemos aprender a realizar las diferentes actividades que nos habla la Biblia acerca de la Palabra de Dios, consideremos 9 de ellas:

  1. Leerla. (Dt. 17:19-20)
  2. Memorizarla. (Sal. 119:11)
  3. Meditarla. (Jos. 1:8)
  4. Escudriñarla.  (Pr. 2:3-4; Pr. 23:23)
  5. Escribirla. (Dt. 17:18-20)
  6. Escucharla. (Ro. 10:17)
  7. Explicarla. (1P. 3:15)
  8. Estudiarla. (Pr. 25:2)
  9. Orarla. (1Jn. 5:14-15)

Para poder llegar a ser lo que Dios quiere que seamos y hacer lo que Dios quiere que hagamos necesitaremos alimentarnos y prepararnos. Nos alimentaremos diariamente con la Palabra que sale de la boca de Dios a través de una relación personal con nuestro Dios y nos prepararemos para servirle en el reino de Dios por medio de los 5 dones del ministerio, y hoy en día Dios nos ha provisto de Institutos Bíblicos y Universidades en donde podemos ser instruidos y capacitados para la obra del Señor sin olvidar al Señor de la obra.

Que el Señor te bendiga grandemente

Tu siervo en Cristo Jesús,

Rev. Raúl E. Aguilar F.

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