Tema 33: Gratitud y Alabanza.

Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo (Efesios 1:3). Legalmente todas estas bendiciones nos pertenecen en Cristo Jesús, pero para que estas puedan ser trasladadas al mundo material y se manifiesten, debemos pelear la batalla de la fe (1ª Timoteo 6:12). Todo lo que Jesucristo ganó en la cruz del calvario debe ser obtenido por medio de la fe a través de la gracia de Dios (Efesios 2:8-9). Por ello, es necesario mantenernos creyendo la Palabra de Dios (Marcos 11:24), orando de día y de noche sin desmayar (Lucas 18:1), confesando su Palabra (Hebreos 10:23), hasta recibir la respuesta de nuestra oración y clamor (Gálatas 6:9).

Importancia de la gratitud y la alabanza

Para poder vencer en la batalla de la fe, es necesario permanecer con un corazón agradecido y lleno de alabanza, ya que la fe se fortalece dando gloria a Dios (Romanos 4:20). La falta de gratitud y alabanza, desvían al creyente de la senda de justicia y el camino de fe:

Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. Romanos 4:21-32

No alabar a Dios y no darle gracias es el inicio del camino al pecado

Cuando alguien deja de dar gracias a Dios y deja de darle gloria, inicia su descenso del camino de santidad y justicia, e inicia su camino hacia la iniquidad, injusticia y maldad. Solo es cuestión de tiempo para que el pecado crezca y produzca su fruto. El diablo no estuvo agradecido con Dios a causa de la hermosura, sabiduría y esplendor que Dios le había dado (Ezequiel 28:17). En lugar de dar gracias a Dios y alabarle por lo que había recibido por parte de Dios, su ingratitud y orgullo de no reconocer, que lo que era y tenía, eran por causa de Dios, le llevaron a rebelarse y a querer usurpar el trono de Dios en el monte de Sion en el cielo (Isaías 14:13-15).

Ingratitud de Israel en el desierto

Israel en el desierto en lugar de estar agradecidos con Dios por haberles liberado de la esclavitud en Egipto, se quejaron y expresaron estar fastidiados del maná que Dios les enviaba para comer y a causa de esto muchos murieron por las serpientes ardientes que fueron enviadas por Dios debido a su ingratitud, queja y murmuración (Números 21:5-7).

Si queremos vencer en la batalla de la fe debemos permanecer con un corazón agradecido, abundando en acción de gracias (Colosenses 2:7), alabando a Dios en nuestros corazones (Efesios 5:19), bendiciendo al Señor con nuestra boca en todo tiempo (Salmo 34:1), ofreciendo a Dios siempre sacrificio de alabanza, fruto de labios que confiesen Su nombre (Hebreos 13:15).

No debemos cansarnos de hacer bien

Muchos cristianos no perseveran en oración, no perseveran en gratitud y alabanza, no perseveran luchando de la manera correcta la batalla de la fe y por ello no pueden vencer las dificultades, adversidades y aflicciones de la vida. Solo aquellos que no se cansen de hacer bien, y no desmayen de caminar en obediencia a la Palabra de Dios, son los que van a recibir la cosecha de sus oraciones y peticiones (Gálatas 6:9).

Aquellos que en sus angustias y problemas no buscan la gracia de Dios (1ª Pedro 5:10) y se permiten amargarse, deprimirse, entristecerse por las ofensas recibidas, dificultades, adversidades y dificultades que les sobrevienen, no podrán recibir la victoria en la batalla de la fe, porque estos pecados nos evitarán recibir las bendiciones de Dios.

Practicar el pecado nos separa de Dios y hace que Dios no escuche nuestras oraciones

Cuando el pueblo de Dios comete pecado y no se aparta de hacer iniquidad, impide a Dios salvarlos de sus enemigos y evitan que Dios escuche y responda a sus oraciones.

Isaías 59:1-2
1 He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír;
2 pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.

La obediencia es un canal de Dios para bendecirnos y pelear por nosotros

Dios vencerá a nuestros enemigos, si escuchamos su voz y caminamos en obediencia a sus mandamientos. La obediencia a Su Palabra es un canal de Dios para enviar sus bendiciones, gracia y favor, para darnos la victoria en todas nuestras batallas.

Salmo 81:13-16
13 ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, Si en mis caminos hubiera andado Israel!
14 En un momento habría yo derribado a sus enemigos, Y vuelto mi mano contra sus adversarios.
15 Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido, Y el tiempo de ellos sería para siempre.
16 Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo, Y con miel de la peña les saciaría.

Hemos sido creados para la alabanza de la gloria de Dios

El hombre ha sido creado, formado y hecho para la gloria de Dios (Isaías 43:7). Dios nos escogió antes de la fundación del mundo para ser santos y sin mancha delante de Dios, y nos predestinó para ser para alabanza de la gloria de Su gracia (Efesios 1:3-6). Por ello cuando el hombre se queja y murmura, se deprime, critica a Dios o a su prójimo, se aparta del camino del Señor quien nos manda a estar siempre gozosos (1ª Tesalonicenses 5:16).

Aquellos que han de ser vencedores y ganarán la batalla de la fe, son aquellos que caminan en obediencia a la Palabra de Dios, y a pesar de pruebas, ofensas y tribulaciones, se mantienen orando y alabando a Dios a pesar de ser heridos, golpeados y azotados, como sucedió con Pablo y Silas que a media noche cantaban himnos a Dios y oraban a pesar de haber sido castigados y azotados cruelmente (Hechos 16:22-25).

Para ganar la batalla de la fe, necesitamos caminar en obediencia a sus mandamientos, no dejar de clamar ni orar, ni dejar de permanecer creyendo que vamos a recibir lo que hemos pedido. Debemos mantenernos confesando Su Palabra y sus promesas, con un corazón agradecido y lleno de alabanza. Esta manera de vivir, es la que nos traerá por medio de la fe y la gracia de Dios, la victoria en todas nuestras batallas. De esta manera es cómo podemos llegar a ser más que vencedores en Cristo Jesús (Romanos 8:35-39), e ir caminando de triunfo en triunfo (2ª Corintios 2:14).

¡Bendito sea nuestro Dios quien adiestra nuestras manos para la batalla y nuestros dedos para la guerra!
(Salmo 144:1)

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Rev. Raúl Aguilar:
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