Tema 35: La Misericordia de Dios.

El cielo fue contaminado por la rebelión de Lucifer (Isaías 14:12-15) y cuando este fue expulsado y derribado por Dios hasta el Seol, le acusó de no ser justo, no ser amor, ni misericordioso (Proverbios 27:11). Por tanto, es importante comprender que la tierra fue creada para ser un espectáculo de Dios (1ª Corintios 4:9) en donde Dios se revela a sí mismo. La Palabra de Dios nos muestra que los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia las obras de sus manos (Salmo 19:1). Las cosas invisibles su eterno poder y deidad, se han hecho claramente visibles y manifiestas por medio de Su creación, de tal manera que Dios revela lo que no se ve, por medio de lo que se ve (Romanos 1:20).

El espectáculo de Dios

En este maravilloso espectáculo del planeta tierra hay dos personajes que juegan un papel muy importante en los propósitos eternos de Dios. En primer lugar Jesucristo, quien por medio de la sangre de Su cruz vino a la tierra para reconciliar las cosas que están en los cielos, como las cosas que están en la tierra (Colosenses 1:20). Jesucristo no solo vino a morir por los pecadores, principalmente vino a revelar a Su Padre (Juan 14:8-11).

La Palabra de Dios nos dice que Jesucristo es la misma imagen de la sustancia del Padre (Hebreos 1:3). Es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15). En Él habita corporalmente toda la plenitud de la verdad (Colosenses 2:9). Es el Verbo quien era Dios (Juan 1:1), y se hizo carne y vimos Su gloria como del Unigénito lleno de gracia y verdad (Juan 1:14).

Jesucristo reveló al Padre

Jesucristo es la revelación de Dios hecho carne. De hecho, este es el misterio de la piedad, Dios manifestado en carne (1ª Timoteo 3:16). Jesucristo vino a revelar en sí mismo al Padre. Reveló Su amor, Su misericordia, bondad, Su justicia, por medio de sus enseñanzas, milagros y maravillas, vida, muerte y resurrección.

Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.
Juan 14:8-11.

Jesucristo reveló el amor y la misericordia de Dios como la Palabra de Dios lo describe:

1. Dios amó al mundo de tal manera que envió Su hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna (Juan 3:16).
2. Dios muestra Su amor para con nosotros, porque aun siendo pecadores Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8).
3. Dios que es rico en misericordia, por Su gran amor con que nos amó aun estando muertos en pecados nos dio vida juntamente con Cristo (Efesios 2:4-5).
4. Dios mostró su amor enviando a Su Hijo unigénito para que vivamos por Él (1ª Juan 4:9).

El hombre y la misericordia de Dios

Ahora bien, en este maravilloso espectáculo que se da en el planeta tierra, el segundo personaje que juega un papel muy importante es el hombre, ya que Dios lo eligió para ser el objeto de la revelación de su amor y misericordia. Dios no mostró misericordia al diablo ni los ángeles que pecaron, por cuanto ellos pecaron en la presencia de Dios a la luz de la revelación divina. Su rebelión no fue por ignorancia, es por ello que Dios no socorrió a los ángeles sino a la simiente de Abraham (Hebreos 2:16).

La misericordia de Dios perdona y levanta del polvo

La misericordia de Dios al hombre fue revelada por medio del perdón de sus pecados (Hechos 10:43), y levantarle del polvo y el estiércol para hacerlo sentar con los príncipes de Su pueblo y heredar un sitio de honor (1ª Samuel 2:8). La obra de gracia y misericordia de Dios con respecto al hombre inicia con el perdón de los pecados, pero continúa llevándolo de gloria en gloria, de poder en poder (Salmo 84:7), hasta que el hombre alcance la medida del varón perfecto la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13).

La gracia y misericordia de Dios transforma a un hombre pecador muerto en delitos y pecados, en un rey y sacerdote conformado a la imagen y semejanza de Dios, que alcanza la gloria de nuestro Señor Jesucristo y llegar a ser uno con el Padre con el Hijo (Romanos 8:29).

El Propósito de Dios es que seamos uno con Él

El propósito del sacrificio de Cristo Jesús no solo es salvarnos del infierno. El propósito de Dios es llegar a ser uno con el Padre y el Hijo, perfectos en unidad y vivir para adorar al Padre en Espíritu y verdad (Juan 4:23-24).

Juan 17:19-24
19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,
21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.
23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.

La gracia y misericordia de Dios quieren salvar al hombre de la condenación, quiere liberarlo del pecado y transformarle de tal manera, que sea presentado santo y sin mancha delante de Su gloria (Judas 24), irreprensible y santificado por completo espíritu, alma y cuerpo (1ª Tesalonicenses 5:23).

Se puede recibir la gracia de Dios en vano

Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. 2ª Corintios 6:1.

La gracia de Dios se recibe en vano cuando después de haber recibido el perdón de sus pecados, la persona se aparta del camino de justicia y retrocede para perdición (Hebreos 10:39).

Se recibe en vano la gracia de Dios cuando después de haberse escapado de las contaminaciones del mundo por medio del conocimiento de Cristo Jesús, se enredan en el pecado y son vencidos. Estos creyentes que se apartan del camino de santidad y justicia se comparan con el perro que regresa a su vómito y con la puerca lavada que regresa a revolcarse en el cieno (2ª Pedro 2:20-22).

La gracia y misericordia de Dios no están disponibles para el que peca voluntariamente después de conocer la verdad

La gracia no es tolerancia al pecado. La gracia es el favor divino que capacita para hacer su voluntad y que permite recibir lo que no se merece. La gracia y misericordia de Dios no será dada a aquellos que alcancen un nivel elevado del conocimiento de la verdad, sean iluminados y disfruten del don celestial y luego decidan voluntariamente regresar al pecado y se aparten del camino de justicia y verdad.

Hebreos 6:4-8
4 Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,
5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,
6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.
7 Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios;
8 pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.

Hebreos 10:26-29
26 Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,
27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.
28 El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.
29 ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?

La gracia de Dios nos capacita para hacer Su voluntad

La gracia de Dios no es tolerancia al pecado. Dios no envió a Jesucristo para revelar Su gracia para encubrir el pecado, sino para borrarlo y eliminarlo (Hechos 3:19). Jesucristo vino para deshacer toda obra del diablo (1ª Juan 3:8). La gracia de Dios que fue derramada en la cruz del calvario da el poder al creyente para cumplir la justicia de la ley (Romanos 8:1-4). La gracia es el favor divino que capacita al creyente para hacer la voluntad de Dios (Filipenses 3:13). La gracia de Dios nos hace aptos para hacer la voluntad de Dios, haciendo Él en nosotros lo que es agradable delante de Él por Jesucristo (Hebreos 13:21).

El que practica el pecado es del diablo

Jesucristo apareció para deshacer las obras del diablo no para que el hombre continúe en sus pecados. Dios perdonó a la mujer tomada en el mismo lecho de adulterio, pero le dijo que no pecara más (Juan 8:11). El que no se aparta, con la ayuda de la gracia de Dios, de practicar el pecado y la maldad es del diablo y no habrá salvación para Él.

1 Juan 3:7-10
7 Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo.
8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.

Pablo ejemplo de la misericordia de Dios

Pablo es un ejemplo de la misericordia de Dios, quien fue perdonado habiendo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador, pero por la gracia de Dios peleo la batalla de la fe, acabó Su carrera y guardó la fe.

1ª Timoteo 1: 12-16
12 Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio,
13 habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad.
14 Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús.
15 Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
16 Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.

2ª Timoteo 4:7-8
7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

El hombre fue escogido para mostrar la gracia y misericordia de Dios

Dios escogió al hombre para mostrar Su amor y misericordia, para revelar en los siglos venideros las abundantes riquezas de Su gracia para con nosotros en Cristo Jesús. De pecadores hasta hacernos sentar con Cristo en lugares celestiales como reyes sacerdotes para reinar con Él por la eternidad (Apocalipsis 5:9-10).

Efesios 2:4-7
4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

La misericordia de Dios por tanto no solo es dada para perdonar nuestros pecados, sino para convertirnos en vencedores y estar sentados con Cristo en el trono para reinar con Él (Apocalipsis 3:21).

Debemos anunciar la multiforme sabiduría de Dios

La iglesia ha sido elegida para anunciar a los principados y las potestades la multiforme sabiduría de Dios (Efesios 3:10). Es deber de la iglesia anunciar el mensaje de gracia y misericordia que en el cielo no se conocía y que por la soberanía de Dios el hombre fue escogido para manifestarlo. Ahora al igual que Pablo debemos anunciar las inescrutables riquezas de Cristo y aclarar el misterio escondido y explicar el propósito eterno manifestado en Cristo Jesús y Su iglesia (Efesios 3:8-12).

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Romanos 11:33.

Bendito sea el nombre del Señor

 

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Rev. Raúl Aguilar:
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