Tema 4: Limpiarse.

Todo creyente en el proceso del crecimiento espiritual necesita:

  1. Alimentarse: para crecer sano y fuerte.
  2. Prepararse: para poder servir al Señor.
  3. Limpiarse: para dejar todo pecado.
  4. Congregarse: para incorporarse a la familia de Dios y aprender a obedecer.
  5. Someterse: a la Palabra de Dios y a sus autoridades para avanzar e ir de gloria en gloria.

Hemos hablado un poco de alimentarse y prepararse, ahora hablaremos de limpiarse. La Palabra de Dios nos enseña que hemos sido escogidos desde antes de la fundación del mundo para ser santos sin mancha delante de Él (Ef. 1:4); es el deseo de Dios guardarnos sin caída y presentarnos santos y sin mancha delante de Él con gran alegría (Judas 24) y para ello necesitamos ser limpios de nuestros pecados por medio de la sangre de Cristo.

La sangre de Cristo perdona nuestros pecados y nos limpia de toda maldad (1 Jn. 1:9) pero necesitamos aprender cómo ser perdonados y como ser limpios. El perdón de pecados es diferente para aquel que está perdido sin Cristo, que para aquel que ya es cristiano. Aunque Cristo murió por todos nuestros pecados y sufrió por ellos Su perdón no es automático y tampoco es incondicional.

Pensar que Cristo ya pagó por todos mis pecados y que por lo tanto puedo practicar el pecado es una doctrina errónea que puede llevar a muchos al infierno porque el que practica el pecado es del diablo (1 Jn. 3:8), la Biblia dice que los que practican las obras de la carne no heredarán el reino de Dios (Gá. 5:19-21).

Para que el hombre alcance misericordia no solo deben confesar sus pecados, también debe apartarse de ellos (Pr. 28:13). El propósito de Dios es que seamos conformados a la imagen del Hijo de Dios (Ro. 8:29); hemos sido llamados para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo (2 Ts. 2:13-14); debemos alcanzar la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo (Ef. 4:13); es por ello que necesitamos el perdón de los pecados y ser limpios de toda maldad.

Para que el hombre reciba el perdón de pecados es necesario que se arrepienta y se convierta de sus malos caminos (Hch. 3:19). Dios no solo quiere que el impío crea en Él, también debe dejar sus malos pensamientos y sus malos caminos y convertirse al Señor (Is. 55:7). El hombre pecador al llegar a Cristo debe cambiar su manera de pensar y su manera de vivir.

El perdón para los perdidos

El hombre sin Cristo está muerto en sus delitos y pecados (Ef. 2:1) pero puede recibir el perdón de pecados por medio del sacrificio de Cristo Jesús. El Evangelio de Dios es poder de Dios para salvación (Ro. 1:16), por ello cuando la persona cree que Jesucristo es el Hijo de Dios, se arrepiente de sus pecados y le recibe en su corazón como su Señor y Salvador, el Señor en su paciencia le perdona los pecados pasados (Ro. 3:25). Dios no pasa por alto todos sus pecados, presentes, pasados y futuros. Dios solamente pasa por alto todos los pecados pasados, porque desde el momento en que llega a los pies de Cristo se convierte en un hijo de luz y por lo tanto debe de andar como un hijo de luz (Ef. 5:8).

Cuando alguien llega a Cristo se le borran sus pecados pasados y comienza una nueva cuenta. Si alguien ya siendo cristiano peca va a necesitar de un abogado que es Cristo (1 Jn. 2:1), y para que sea perdonado su pecado será necesario confesarlo (1 Jn. 1:9), pecado no confesado será un pecado no perdonado. La sangre no limpia a todos, solamente aquellos que cumplen las condiciones del perdón que Su Palabra establece. Para que la sangre de Cristo nos perdone nuestros pecados y nos limpie de toda maldad es necesario andar en la luz y tener comunión los unos con los otros (1 Jn. 1:7, 9).  Por tanto el perdón para los no salvos es diferente que el perdón para los cristianos.

Es importante comprender que es el deseo de Dios que el hombre reciba el perdón de pecados, pero que no vuelva a pecar, como claramente el Señor se lo dijo a la mujer adúltera. El Señor la perdonó pero lo dijo que no volviera a pecar (Jn. 8:11).

Muchos han confundido la gracia de Dios con tolerancia del pecado, y piensan que la gracia de Dios cubre todo pecado, pero esto es un error. La gracia no tolera el pecado, de hecho por la gracia de Dios podemos vencer el pecado. Gracia no solo es favor divino, también es capacitación divina y por la gracia de Dios podemos andar en el Espíritu y cumplir la justicia de la ley (Ro. 8:3-4).

Debido a que el propósito de Dios es que alcancemos madurez y lleguemos a ser Su iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga (Ef. 5:27)  es necesario no solo buscar Su perdón, debemos buscar Su naturaleza. No debemos olvidar que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios, y este propósito no ha cambiado, Dios quiere que alcancemos la imagen y semejanza de Dios y seamos conformados a la imagen del Hijo de Dios.

También es importante hacer diferencia entre inmadurez y practicar el pecado. Los hijos de Dios no practican el pecado, aunque sí cometen pecado por su inmadurez espiritual. A los corintios Pablo les dice que eran carnales porque habían en ellos celos, disensiones y contiendas (1 Co. 3:3). Ellos eran inmaduros en Su carácter, necesitan crecer y madurar, desarrollar el fruto del Espíritu en sus vidas.

La palabra pecado es en griego “hamartia” y significa errar al blanco. El blanco es ser como Cristo, por tanto cuando en nuestros pensamientos, actitudes o acciones dejamos de ser como Cristo pecamos y por ello necesitamos ser perdonados y limpiados. Queremos ser sacerdotes conforme a Su corazón y alma (1 S. 2:35), creyentes que tengan Sus pensamientos y Sus sentimientos.

El llamado que nuestro Dios nos hace, es el mismo llamado que le hizo a Abraham, a quien Dios le dijo que fuera perfecto delante de Él (Gn. 17:1). Los creyentes debemos ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto (Mt. 5:48). Es el deseo de Dios santificarnos completamente; Él quiere que todo nuestro ser:  espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Lo maravilloso de esto es que Él nos llama pero Él mismo también lo hará (1Ts. 5:23-24).

Dios quiere limpiarnos de toda contaminación de carne y del espíritu (2 Co. 7:1). Dios quiere eliminar todo pecado en nuestro corazón, como también eliminar toda acción que no esté conforme a Su Palabra. Es Su deseo que tengamos un corazón perfecto (1 R. 15:3);  nuestro Dios quiere un corazón limpio un espíritu recto dentro de nosotros (Sal. 51:10).  Las obras de la carne deben morir en nosotros, todo pecado terrenal debe morir (Col. 3:5-6), debemos aprender a caminar como es digno de nuestra vocación (Ef. 4:1). Por la gracia de Dios necesitamos ser llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para poder andar como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios (Col. 1:9-10).

Queremos ser limpios, no hay manera de producir el fruto del Espíritu Santo si no somos limpiados. El Señor mismo nos promete limpiarnos para dar más fruto (Jn. 15:2), pero aquel que no de fruto será cortado como mal pámpano y será echado en el fuego (Jn. 15:4-6). Que nuestro Dios nos ayude a recibir el perdón de nuestros pecados y ser limpiados de toda maldad.

Que el Señor te bendiga grandemente

Tu siervo en Cristo Jesús,

Rev. Raúl E. Aguilar F.

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