Tema 5: Congregarse.

Después de recibir a Cristo como nuestro Señor y Salvador es muy importante congregarnos en una iglesia por cuanto la experiencia de salvación por medio del nuevo nacimiento es el inicio de una carrera que tenemos por delante (He. 12:1). Dios ha preparado una iglesia, una familia, para que podamos crecer espiritualmente y juntos conquistemos la herencia que Dios tiene para cada uno de nosotros.

El Señor Jesús se le apareció a Saulo de Tarso que después llegó a ser el Apóstol Pablo y le reveló cual era la voluntad de Dios para la vida de cada creyente (Hch. 26:18):

  1. Le fueran abiertos los ojos
  2. Convertirse de las tinieblas a la luz
  3. Convertirse de la potestad de Satanás a Dios
  4. Recibir por la fe en Cristo perdón de pecados
  5. Recibir herencia entre los santificados

Aquellos que no conocen a Cristo necesitan que sus ojos espirituales sean abiertos porque esta vida es una preparación la para la vida que viene. La salvación solamente es el inicio de la carrera, el propósito de Dios es que  Su iglesia llegue a ser una iglesia gloriosa, sin mancha, ni arruga (Ef. 5:27).  Aquellos que alcancen la madurez espiritual son los que llegarán a ser la Esposa del Cordero por cuanto se han preparado y se les ha concedido que se vistan de lino fino y resplandeciente (Ap. 19:7-8)

Aquellos cristianos que no crezcan espiritualmente, serán niños que no podrán heredar las promesas de Dios y no podrán ser parte de la esposa del Cordero (Gá. 4:1; 1Co. 3:1-3). Después del juicio del gran trono blanco en donde los muertos serán juzgados según sus obras (Ap. 20:11-15), vienen los cielos nuevos y la tierra nueva, y Juan mira a los hombres creyentes que están llorando debido a que ellos no alcanzaron ser la esposa del Cordero (Ap. 21:1-4).

Cuando un creyente no alcanza la madurez espiritual no pierde su salvación, pero sí pierde posiciones eternas. El Señor es poderoso para levantar al pobre del polvo y al menesteroso alzarlo del muladar para hacerlo sentar con los príncipes de Su pueblo y heredar un sitio de honor  (1S. 2:8).  El propósito del evangelio no solo es otorgar perdón de pecados, el Señor quiere levantarnos de tal manera que podamos estar sentados en lugares celestiales (Ef. 1:20) y poder reinar con Él por la eternidad.

El Señor quiere levantar reyes y sacerdotes de cada tribu, pueblo, lengua y nación (Ap. 5:9-10), pero para ello debemos calificar, debemos crecer espiritualmente y alcanzar la madurez. La meta es ser conformados  a la imagen del Hijo de Dios (Ro. 8:29) y poder alcanzar la medida del varón perfecto, la estatura de la plenitud de Cristo (Ef. 4:13). Solo aquellos que sean vencedores son los que podrán heredar todas las cosas (Ap. 21:7). No todos los cristianos podrán reinar con Cristo en el trono, solo aquellos que sean vencedores (Ap. 3:21).

La familia, que es la iglesia en donde nos congregamos es el diseño de Dios para que seamos entrenados para vencer al mundo, al diablo  y a la carne (1Jn. 5:4-5, Ap. 12:10-11; Gá. 2:20). Es el lugar en donde debemos aprender a amar a Dios con todo el corazón, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra alma, como también amar al prójimo como a nosotros mismos (Mr. 12:29-31).

Dios ha puesto en esta familia padres espirituales, pastores que han vencido y nos pueden ayudar a vencer. De la manera que el Apóstol Pablo imitaba a Cristo, así nosotros debemos considerar el éxito de la conducta de nuestros padres espirituales y pastores para poder imitar su fe (He. 13:7).  Necesitamos de hermanos mayores que nos ayuden a caminar por donde ellos caminaron, y nos enseñen a pelear las batallas del Señor a fin de vencer a nuestros enemigos espirituales y conquistar la herencia que el Señor tiene para nosotros.

La iglesia es el lugar que Dios ha diseñado para que Cristo Jesús sea formado (Gá. 4:19). Para crecer espiritualmente necesitamos estar ligados unos a otros, ya que crecemos en amor debido a las coyunturas y ligamentos que nos unen (Col. 2:19; Ef. 4:15-16). Si no nos congregamos donde Dios ha establecido, no creceremos espiritualmente y por lo tanto no podremos cumplir el propósito de Dios para nuestra vida.

La Biblia habla de tres tipos de fruto, del 30, del 60 y del ciento por uno. Los cristianos del 30 solamente alcanzan el 30% del carácter de Cristo; los cristianos del 60 alcanzan el 60% del carácter de Cristo; pero los cristianos del 100% alcanzan la madurez y son conformados a la imagen del Hijo de Dios.

Si no crecemos espiritualmente no podremos entender muchas cosas, porque el niño es inexperto en la palabra de justicia (He. 5:13). Los niños espirituales pueden ser llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error (Ef. 4:14). Los niños aunque son herederos, en nada difieren de los esclavos; ellos tienen que crecer y madurar para poder participar de la herencia en Cristo Jesús; por ello, Dios les pone tutores para que puedan crecer y estar preparados para cumplir con sus responsabilidades en el tiempo señalado por el Padre (Gá. 4:1-2).

Es verdad que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo, pero esto será una realidad si padecemos juntamente con Cristo, para que juntamente con Cristo seamos glorificados (Ro. 8:17).  Por ello es necesario dejar de ser niños en Cristo y madurar para poder cumplir los propósitos de Dios para nuestra vida. Es necesario disfrutar la etapa de ser oveja del Salmo 23, pero debemos crecer para ser ovejas de Romanos 8:36 y vivir para dar nuestra vida por los demás.

Es por ello tan importante congregarnos y crecer en la familia del Señor, necesitamos tanto ser preparados, entrenados y cuidados por otros para que podamos ser lo que Dios quiere que seamos y hacer todo lo que Dios quiere que hagamos.

Nuestra oración debe ser congregarnos fielmente, que nos integremos a la familia de Dios y no solo lleguemos como visitantes o admiradores de la Palabra que se predica. Es necesario formar parte de la familia de Dios para poder cumplir el segundo grande mandamiento y tener comunión con la familia de la fe (Gá. 6:10).

El congregarnos no solo nos permite ser guidados a los pastos que el Señor le revela al pastor, también de nos da la oportunidad de exaltar y glorificar al Señor en la congregación de los santos (Salmo 149).

Cuando llegamos al Señor no solo se trata de recibir perdón de pecados, es necesario convertirnos de las tinieblas para andar en la luz. Debemos dejar todo estilo de vida que desagrada al Señor para vivir como hijos de luz que agradan a Dios y viven para complacerle. La iglesia es el lugar en donde debemos ser llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para poder andar como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios (Col. 1:9-10).

No solo debemos creer en Jesús como nuestro Señor y Salvador, es necesario vivir sometidos a Su señorío y vivir para Él y no para nosotros mismos (2 Co. 5:15).  Queremos aprender a obedecer al Espíritu Santo, a la Palabra de Dios y a toda autoridad que Dios ha establecido en la Tierra, en nuestra familia, en la iglesia, en nuestra nación, obedeciéndoles en el temor de Dios para que Su Nombre pueda ser glorificado en nuestra vida.

Que el Señor te bendiga grandemente

Tu siervo en Cristo Jesús,

Rev. Raúl E. Aguilar F.

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