Tema 6: Sumisión y Obediencia

La sumisión y la obediencia a Dios y a las autoridades que Dios ha establecido, es de gran importancia para el reino de Dios. Por la gracia de Cristo somos salvos y Su sangre derramada fue el sacrificio perfecto para perdonar nuestros pecados, sin embargo es necesario convertirnos de las tinieblas para andar en la luz, es necesario convertirnos de la potestad de Satanás a Dios (Hch. 26:18).

Dios tiene propósitos eternos que cumplir en nuestras vidas, aunque no somos salvos por obras (Ef. 2:8-9), somos salvos para hacer las obras que Él preparó desde antes de la fundación del mundo (Ef. 2.10).  Es responsabilidad de cada creyente buscar al Señor para descubrir ese plan y rendir su voluntad para vivir para su cumplimiento. Si el nuevo creyente no aprende sumisión y obediencia será de poca utilidad para el reino de Dios, porque en el reino de Dios se hace la voluntad de Dios.

En el reino de Dios se hace la voluntad de Dios, con la ayuda de Él, en Su tiempo y a Su manera; por lo tanto debemos dejar nuestros propios deseos y pensamientos, y hacer las cosas según lo ha determinado nuestro Dios.

La raíz de todos nuestros pecados es hacer nuestra propia voluntad. El pecado que todos debemos abandonar es el pecado de hacer nuestra voluntad independiente a la voluntad de Dios. El enfoque principal no está en dejar todos los pecados, sino en dejar el pecado de hacer nuestra voluntad, porque aquel que deje el pecado, por la gracia del Señor y la ayuda del Espíritu Santo, podrá dejar todos los pecados.

Eva fue engañada y seducida por Satanás Adán no lo fue (1Ti. 2:14), Adán pecó voluntariamente y por amar a su esposa abandonó su fidelidad a Dios. Aunque Dios hizo al hombre recto, pero los hombres buscaron muchas perversiones (Ec. 7:29).  El hombre por tanto ha heredado una naturaleza de pecado, aunque todos hemos pecado, somos pecadores por naturaleza, hemos sido concebidos en maldad (Sal. 51:5). La redención por medio de la sangre de Cristo no solo quiere perdonar nuestros pecados, sino también cambiar nuestra naturaleza, para que podamos vivir en santidad, justicia y verdad. Por ello es tan importante nacer de nuevo, para que seamos engendrados por Dios (Jn. 1:12-13) y así podamos ser participantes de Su naturaleza divina (2 P. 1:4).

Antes de llegar a Cristo estábamos muertos en delitos y pecados, y teníamos en nuestro espíritu una naturaleza de ira (Ef. 2:1-3). Por la gracia de Dios, el nuevo nacimiento hace posible que Cristo Jesús sea en nosotros la esperanza de gloria; la nueva criatura que nace en nosotros es Cristo, pero esta debe crecer y desarrollarse hasta alcanzar la madurez y plenitud. El creyente no debe conformarse con el perdón de pecados que recibe en la experiencia de salvación, de proseguir hasta alcanzar la vida abundante que Cristo nos puede dar.

El hombre sin Cristo está muerto espiritualmente, por ello Cristo vino para darnos vida y vida en abundancia (Jn. 10:10). La vida abundante de Cristo en nosotros es alcanzar madurez y plenitud, no necesariamente la prosperidad económica o material. Después de ser salvos nuestro Dios quiere añadir a nuestra fe: virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor. Es el propósito de Dios que lleguemos a vivir en el amor ágape de Dios y seamos como Él.

En este proceso del crecimiento espiritual para alcanzar la madurez y vivir en el amor ágape de Dios, la sumisión y la obediencia nos permitirán ser instrumentos de Dios en manos del Espíritu Santo para ser de bendición en el reino de Dios. Todo lo que Dios hace está bajo un orden divino, aquel que no aprende a caminar en obediencia a la Palabra de Dios y a las autoridades será de muy poca utilidad en el reino de Dios.

Todo creyente debe buscar primeramente el reino de Dios y Su justicia (Mt. 6:33). El hombre no está para hacer su propia voluntad, hemos sido salvos para hacer la voluntad de Dios y vivir para Cristo Jesús (2Co. 5:15). El creyente debe ser guiado por el Espíritu Santo (Jn. 16:13); nuestros pasos deben estar ordenados por la Palabra de Dios (Sal. 119:133) y ésta debe ser la lámpara a nuestros pies y la lumbrera a nuestro camino (Sal. 119:105).  Si aprendemos a caminar en sumisión y obediencia seremos creyentes útiles que seremos utilizados para hacer las obras de Dios.

Consideremos algunos versos que nos hablan de la sumisión y la obediencia en la Palabra de Dios:

“Si me amáis, guardad mis mandamientos” Jn. 14:15.

“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” Jn. 14:21.

“Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” Jn. 14:23.

“El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” Jn. 14:24.

“El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” 1 Jn. 2:4.

“y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él” 1 Jn. 3:22.

“Y el que guarda Sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que Él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” 1 Jn. 3:24.

“En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos Sus mandamientos” 1 Jn. 5:2.

“Pues éste es el amor a Dios, que guardemos Sus mandamientos y éstos no son gravosos (1 Jn 5:3).

Y éste es el amor, que andemos según Sus mandamientos. Éste es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio” 2 Jn. 1:6.

“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo” Ef. 6:1.

“Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo (Ef. 5:24).

Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo” Ef. 6:5.

“Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor” Col 3:20.

“Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios” Col 3:22.

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso” He. 13:17.

“Someteos unos a otros en el temor de Dios” Ef. 5:21

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” Stg. 4:7.

“Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior” 1P. 2:13.

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” Ro. 13.1-2”

Por estos versos y por muchos otros que no hemos citado, sabemos que aquel que no aprende a obedecer a someterse a la Palabra de Dios y a sus autoridades, no aprenderá a vivir para Dios y hacer Su voluntad,  no trabajará con el Espíritu Santo para establecer el reino de Dios en la Tierra y no será un instrumento de Dios para edificar Su iglesia. Aquel que no es con el Señor, contra Él es y el que no recoge desparrama (Mt. 12:30).  La manera de obrar del Señor Jesucristo en Su iglesia por medio de Sus siervos es a través de la sumisión y obediencia, aquel que no obedece y no se somete según lo establece la Palabra de Dios, en lugar de recoger estará desparramando la obra de Dios.

Hay un tiempo establecido para hacer la voluntad de Dios. No podemos hacer las cosas arbitrariamente, la voluntad de Dios se hace con la ayuda de Dios, a Su manera, con Su poder y en el tiempo de Él. Cuando Israel fue desobediente y no conquistó la tierra de Canaán cuando Dios les dijo, ya no pudieron hacerlo sino hasta después de 38 años. Hubo algunos que quisieron subir y conquistar después de haber pecado, fuera del tiempo de Dios y fueron derrotados (Nm. 14:40-45).

La obediencia y sumisión a la Palabra de Dios y a nuestras autoridades será el medio de Dios para prepararnos y capacitarnos, para que podamos a hacer Su obra a Su manera y no a la nuestra.

Que el Señor nos ayude y nos permita aprender a obedecer y someternos para que podamos ser útiles en el reino de Dios y ser usados para la gloria de nuestro buen y maravilloso Dios.

 

Que el Señor te bendiga grandemente

Tu siervo en Cristo Jesús,

Rev. Raúl E. Aguilar F.

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